"La educación nos empodera": Oscar Jara

Oscar Jara
 
   

El investigador Oscar Jara, director general del Centro de estudios y publicaciones de Alforja y Coordinador del programa latinoamericano de apoyo a la sistematización de experiencias de CEAAL, habla sobre tecnología, redes y sistematización, entre otros temas. Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista española "La Magalla" y compartida aquí.

Pregunta: En un artículo suyo señalaba: “los cambios que se están produciendo en el mundo hacen a todas las culturas y sociedades más interdependientes que nunca” ¿qué supone esto para la  educación? ¿qué retos para educadores y educadoras del norte y del sur?

El fenómeno de la globalización crea, efectivamente, una interdependencia entre los pueblos y países mayor a la que nunca antes hayamos tenido. Pero no se trata de un fenómeno neutro ni inocente. La globalización es una mayor expansión de la lógica del capitalismo neoliberal con todas sus consecuencias: una lógica basada en el valor de la mercantilización de todas las cosas y las personas, basada en una lógica de producción de consumo innecesario y depredador del medio ambiente y absolutamente indolente a las principales necesidades humanas de la mayoría de la población: comida, vestido, vivienda digna, seguridad, tranquilidad, recreación, respeto a la propia identidad, etc.

Es un fenómeno que nos hace interdependientes en función de una lógica dominante y nos atrapa en ella, no nos hace ser interdependientes en función de nuestras necesidades y aspiraciones humanas, fortaleciendo la solidaridad y el apoyo mutuo, sino por el contrario, inspirando el individualismo, la competencia, el avasallamiento de las otras personas, la exclusión de quienes no se “integran” a este modelo que está llevando al fin de nuestra civilización planetaria, acabando con el único planeta que tenemos.

Por eso la educación debería ser un factor fundamental para enfrentar esta lógica perversa desde otros valores, otras sensibilidades, otras perspectivas. Y aquí hablo de la educación como componente formativo de visiones, razones, emociones y actitudes. Por eso, educación excede siempre a “escuela” y a “educación formal” que sólo conforman una parte de los esfuerzos educativos; parte importante, pero sólo una parte de los factores que nos forman como personas.

Muchas veces se dice: “hay que reformar la educación” y se está entendiendo por ello que “hay que reformar el sistema escolar”.  De ahí que se fracase en las aspiraciones de fondo de muchas reformas educacionales, que tocan las ramas, pero no las raíces.
Es un sentido común señalar que estamos en “tiempos de cambio” y que la educación debe relacionarse con estos tiempos. ¡claro!, pero ¿cómo se va a relacionar? ¿Cómo un componente que ayude a adaptarnos a la lógica dominante de estos tiempos o que ayude a construir el cambio que necesitamos, que va en sentido contrario?. “Educar para el cambio” es una consigna que nos tiene que llevar a preguntarnos ¿qué educación necesitamos y para qué tipo de cambio? En definitiva, creo que debemos impulsar procesos educativos diversos, complejos, multiformes y multimodales que contribuyan a formarnos como personas críticas, capaces de tomar distancia de la lógica y valores dominantes, capaces de mirar un horizonte distinto al que nos están llevando este modelo capitalista neoliberal depredador y que, con base en esa otra mirada, generen capacidades de transformación que pueden ir desde el comportamiento personal en la vida cotidiana personal, familiar, comunitaria, hasta el impulso de movimientos ciudadanos, sociales y políticos que alteren la estructura de poder y de toma de decisiones en un municipio, en el país o en los organismos internacionales. Educar para ser sujetos de transformación y de creación, desde nuestros distintos contextos, condiciones y posibilidades, en el norte y en el sur y, ojalá, construyendo mayores lazos entre nuestras respectivas prácticas y contextos.

Pregunta: Usted dice que desde el paradigma capitalista se confunde “novedad e innovación”  con “desarrollo y progreso”...incluso plantea que la informatización de nuestras vidas o el desarrollo tecnológico tienen un signo de involución y de 'subdesarrollo' de las relaciones humanas: ¿está cuestionando el papel de las nuevas tecnologías? ¿qué opina de que puedan aportar alguna cosa a la construcción de una ciudadanía global

Sí, estoy cuestionando el papel de las nuevas tecnologías. Claro! el papel que están teniendo actualmente como instrumento de esa globalización neoliberal, como instrumento de dominación y de expansión de esa dominación, no el papel que podrían cumplir desde una óptica distinta, incluyente y liberadora.

Toda tecnología es un instrumento y  su sentido depende del uso, orientación y ubicación que tenga en un proceso más amplio y complejo. Por lo tanto, en una primera afirmación podemos decir que el valor de una nueva tecnología depende de quién la utilice, cómo la utilice, para qué la utilice, a favor de  qué y de quién la utilice y por lo tanto – como decía Paulo Freire en “Cartas a Guinea-Bissau" refiriéndose al conocimiento – en contra de qué y de quién se utilice.

Pero en una segunda afirmación tenemos que reconocer que los instrumentos tampoco son neutrales en sí mismos. Es decir, han sido creados en un contexto determinado, con una intencionalidad determinada y para determinados usos. Por eso ninguna técnica es inocente, pero también debemos decir que ninguna técnica puede quedar impune, pues tendrá consecuencias, muchas veces ligadas a la lógica global para la que fueron diseñadas y otras, ligadas a las condiciones y características concretas del instrumento, a su  funcionalidad interna por el tipo de instrumento que es, por los recursos que utiliza o las conexiones que implica su utilización.

Pero, por otro lado, en una tercera afirmación, tenemos que decir que los seres humanos tenemos más capacidades que las meramente instrumentales o técnicas y que, por tanto, podríamos, con una lógica, un sentido o una perspectiva liberadora, “darle vuelta” y utilizar cualquier tecnología por alienante o dominadora que haya sido en su concepción o uso vigente, en un sentido totalmente contrario. Incluso sólo con utilizarla tomando distancia de ella y haciendo evidente su orientación, impacto, efecto, etc. en el uso dominante; así, incluso sólo con “desmitificar” la neutralidad de la tecnología, ya estaríamos abriendo un campo de cuestionamiento que nos permitiría pensar en utilizarla de otro modo. Claro, las opciones alternativas podrán ser múltiples dependiendo de nuestra capacidad para imaginar y utilizar las nuevas tecnologías en función no de una globalización “mercantilizadora” e “instrumentalizadora”, sino en función de  alimentar procesos críticos, constructores de una ciudadanía  global, solidaria, creadora.
 
Pregunta: La educación para la ciudadanía global (que también apoya la educación para el desarrollo) plantea una relación más estrecha entre ética, política y educación. Además usted defiende que lo político no es solo una dimensión de la educación, sino que ésta es en sí misma política: ¿puede explicar un poco más lo que eso supone?¿qué implica en la práctica?

En este campo me comprometo totalmente con la visión de Paulo Freire cuando en una entrevista en Argentina, ante la pregunta que si la educación liberadora que él propugnaba era una propuesta política o una propuesta pedagógica, dijo: “la educación liberadora es sustantivamente política y adjetivamente pedagógica”.

Esto, para mí quiere decir, que la educación nos empodera o nos des-empodera; nos hace más capaces o menos capaces, nos hace más personas o menos personas… y ése es su sentido ético-político fundamental, su sentido sustantivo. Adjetivamente, es decir, dependiendo de lo anterior, requerirá de una pedagogía consecuente con dicho sentido: una pedagogía dialógica, horizontal, basada en el aprendizaje más que en la enseñanza, que vincule la práctica con la teoría, que sea creativa y constructiva. En definitiva una pedagogía que “califique”, caracterice, dé forma concreta a eso sustantivo que es el carácter ético-político liberador.

En la práctica, esto implica que los educadores y las educadoras asumamos nuestro rol como quienes tenemos la responsabilidad de incentivar procesos de aprendizaje creador, procesos de los cuales somos también sujetos “aprendientes”, que nos desafían también a construirnos como personas capaces de transformar nuestro entorno inmediato, participar en esfuerzos más amplios, es decir, como sujetos políticos, en búsqueda permanente de coherencia en la vida personal y profesional, construyendo nuevas relaciones de poder entre las personas y al interior de los espacios de convivencia, organización o participación.

Pregunta: Uno de los retos a los que nos enfrenta la globalización es a aprender a trabajar en red. Partiendo de su experiencia en la red Alforja ¿cree que es posible trabajar en red para una educación crítica entre el norte y el sur? ¿conoce experiencias al respecto? ¿qué cosas destacaría como positivas y como negativas?

Ya lo mencionaba en la pregunta anterior y es importante entenderlo tal como lo indicas: “aprender a trabajar en red”. La Red es una forma de trabajar, no es una estructura, un espacio, una instancia… algo que antes se llamaba “comité”, “asamblea”, “comisión”,… etc., y que ahora la llamamos más bonito: “Red”. No. Las redes se “tejen”, nudito a nudito, con acciones y propósitos comunes puestos en práctica, con complicidades y aprendizajes conjuntos, con búsquedas y cuestionamientos, con encuentros humanos donde podemos asombrarnos ante las cosas que cada quien es capaz de inventar, proponer.. y sobre todo con aquellas cosas inéditas que somos capaces de hacer que existan cuando hacemos que confluyan nuestras voluntades y nuestras capacidades. Así, las redes no se inventan de un día para siempre, para luego “lanzarlas” a ver quién cae en ellas… no, las redes se tejen y destejen, cada día, dependiendo de cómo seamos capaces de hacerlo en concreto.

Creo que no sólo es posible, sino que es indispensable construir trabajo de red entre educadores y educadoras del Sur y del Norte; es más, diría que es una responsabilidad… y aquí es donde las nuevas tecnologías nos pueden ayudar a enfrentar la carencia de recursos financieros, proporcionándonos espacios comunicativos y de encuentro de calidad, sin tener que asumir gastos onerosos de viajes, seminarios, etc.