Las diferentes dimensiones y secuelas del terremoto en Chile y sus réplicas – una reflexión psicosocial y pedagógica
Coordinadora para InWEnt de las pasantías a Berlín del Programa de Becas al Exterior del Gobierno de Chile entre 1997 y 2010, Ilse Schimpf-Herken estuvo del 6 al 10 de marzo en Santiago para enterarse de la situación pos-terremoto y quiere compartir las siguientes reflexiones.
Por Ilse Schimpf-Herken
Instituto Paulo Freire de Berlín
El terremoto de la noche del 27 de marzo 2010 fue seguido por un terremoto social en toda la región de Santiago, el Maule y Concepción, que fue la más afectada por el sismo y es donde vive más del 80 % de la población chilena.
No es la primera vez que Chile sufre un terremoto, periódicamente cada 25 o 30 años tiembla la tierra. Esta vez fue uno de los más fuertes, 8.8 en la escala Richter, seguido por más de 300 réplicas en los 10 días siguientes; el 13 de marzo se produjeron nuevamente terremotos de más de 6 y 7 grados en esta escala.
Desde la misma madrugada del 27 de marzo se realizaron saqueos espontáneos en Concepción, en la costa de la Región Bio Bio y en Santiago. Estas expresiones de descarga de frustración y de descontento social, no son en su mayoría reacciones de reivindicación social, sino expresiones de rabia, miedo y desconcierto frente a la amenaza de la catástrofe natural. Los saqueos espontáneos son reacciones que Chile ha vivenciado a lo largo de su historia, desde su Independencia hace 200 años. A diferencia de los levantamientos sociales anteriores se nota una violencia y una actitud más desafiante.
El Premio Nacional de Historia 2006, Gabriel Salazar lo describe así: “…los saqueos no ocurren solamente después de los terremotos, sino que han sido una constante desde el siglo XIX también en desordenes políticos, guerras civiles, e incluso movimientos huelguísticos. En la misma revolución pinguina apareció el vandalismo, que está muy latente. Se trata de una violencia social que ningún régimen ha logrado aplacar, ni Pinochet durante las protestas. Pero hay que explicarlo con cuestiones más a fondo”. (Rodrigo Alvarado: Entrevista con G. Salazar en: La Nación 3.3.2010)
¿Cómo explicar que apenas el orden estatal se debilita, cuando las fuerzas policiales y el ejército pierden el control, una muchedumbre de personas, no solamente los más pobres, reaccionan en forma violenta y destructiva, tomándose por la fuerza alimentos, bienes materiales y objetos de consumo de todo tipo?
No cabe duda que los canales del descontento social expresado en los saqueos de tiendas, de casas privadas, de asaltos a buses, son delitos cometidos por personas de diferentes sectores sociales, quienes frente a la nueva amenaza del terremoto reaccionaron desesperadamente y sin pensar, sin control afectivo, destructivamente y no estando dispuestos a aguantar más su situación. Muchas de ellos han sido humillados durante muchos años por no tener trabajo, por no tener una buena educación, por no ser lo suficientemente fuertes para competir en una sociedad cada vez más deshumanizada, que mide su éxito solamente por el rendimiento económico y niega el sufrimiento de los excluidos.
Pero en los saqueos también participaron personas que no tenían una necesidad económica directa, que actuaron por rabia, dejando de lado cualquier norma o sistema de valores acordado previamente. Parece que el sistema socio-económico imperante ha producido un gran número de personas con poca comunicación social, que se sienten sobre-exigidos y presionados en adaptarse a las normas del mercado impuesto. (“¿Cómo vamos a respetar reglas que no impusimos?”). El desarrollo económico ha dejado a mucha gente excluida, avergonzada, que reacciona ahora con ira y rencor, porque durante décadas se les ha negado la participación y la esperanza de ser iguales.
Su actuar no es una respuesta contestataria, orientada por los movimientos sociales, ni mucho menos por las fuerzas políticas chilenas. Es la voz de quienes no tienen voz y su forma de expresión visibiliza su impotencia y frustración por no haber sido escuchados; el vandalismo es la expresión plena de la falta de comunicación y del desinterés de la sociedad por estas personas. Las reacciones en la prensa en los días siguientes al terremoto reflejan una postura semejante, en vez de cuestionar las múltiples causas de este descontento social, humilla a los saqueadores, documentando la devolución de los objetos domésticos y técnicos.
La postura de arrogancia y soberbia frente a los “delincuentes” muestra una vez más la falta de empatía social. Parece ser una forma de proyectar implícitamente en los saqueadores, la vergüenza ajena sufrida por el eco de los acontecimientos en la prensa internacional. Con esto nuevamente se niegan las causas sistémicas de la violencia social y no se asume la gran fragilidad social del éxito económico, que rechaza reconocer al Otro como igual. La mano dura se impone y niega la diversidad y la gran oportunidad que representa el variado mundo multicultural chileno.
Pero no es solamente la vergüenza ajena, sino la humillación y el miedo existencial sentido cuando los militares fueron llamados a defender los grandes centros comerciales, templos del consumo y propiedad de los más ricos. Aparecieron entonces en los diarios las fotos de los saqueadores sometidos en el piso, con las ametralladoras apuntándoles.
Estas imágenes hicieron recordar los años de la dictadura, de la impotencia y de la soledad en aquellos años. Hay una evidencia en muchos de los brotes de violencia, que los miedos y los traumas de aquel tiempo se conectan con el trauma de la catástrofe natural actual. Muchos chilenos corren el peligro ahora, no solamente de recordar sus miedos sino de sufrir una “traumatización secuencial”, lo que según Hans Keilson es más doloroso y profundo. Es allí, donde los pedagogos y psicólogos debemos intervenir, ya que es un deber de toda la sociedad y sus instituciones, el prevenir y sanar las nuevas heridas producidas tras estos graves acontecimientos.
Por esta razón la organizacicón de perfeccionamiento de maestros de los ex-becarios a Berlín “Vagamundos” está elaborando un proyecto pedagógico y psicosocial para tratar las secuelas del terremoto en Chile que se fundamenta y tiene como punto de partida lo anteriormente planteado. Este fue discutido con representantes de los ex-becarios de de la Región del Bio Bio, Talca y San Bernardo, quienes quieren poner en práctica en sus localidades actividades para crear en multiplicadores de la educación una toma de conciencia de las secuelas psicológicas del terremoto y reconocer la violencia social implicada en su contexto socio-cultural.
Los “Vagamundos” esperan crear círculos de diálogo con las orientadoras y representantes de las Unidades Técnicas de las escuelas y colegios municipales para que reflexionen sobre sus sentimientos y miedos pos-terremoto. Asimismo motivar la creación en cada colegio de un espacio de reflexión regular institucionalizado, para compartir entre los profesores sus propios problemas o miedos y elaborar y profundizar metodologías para generar diálogo, acompañando y monitoreando a estos grupos.