Visita a Ludwigsburg
Martes 6 de octubre.
Por: Lilia Ferreyra y Pedro Pablo Parodi
Oficina de la fiscalía en NurembergA las 8.30 emprendemos desde Nuremberg el viaje en bus a Ludwigsburg, una ciudad próxima a la industrial Stuttgart, donde visitaremos la Oficina Central de la Fiscalía para el Esclarecimiento de Crímenes Nacionalsocialistas. En la impecable autopista que nos lleva hacia el sur de Alemania circulan caravanas casi ininterrumpidas de camiones de transporte comercial, lo cual permite entrever el dinamismo económico de la region. La ruta está bordeada por tupidos bosques que cada tanto se abren en prolijos prados y amplias parcelas de cultivos. En algunos tramos, también se pueden ver grandes plantas industriales y estilizados molinos de energía eólica. La impronta de estos tiempos modernos modifica el bucólico paisaje de suaves ondulaciones, donde en una hondonada o en lo alto de un pequenio cerro brotan casas de techos rojos, agudos campanarios y castillos y fotalezas de épocas medievales. Pero no es el distendido placer de contemplar bellos panoramas el objetivo de esta excursion sino conocer los empecinados trabajos contra el olvido que lleva adelante la Fiscalía, centrados en las investigaciones de los aberrantes crímenes del nacionalsocialismo para contribuir así a que la justicia de Alemania pueda procesar a los culpables.
Después de unas dos horas de viaje, llegamos a Ludwigsburg. En la puerta de la institución nos da la bienvenida el abogado fiscal Dr. Riedel, quien nos invita a recorrer el Archivo Federal donde se guardan las actas de los archivos judiciales, es decir, los documentos que se produjeron durante los procesos judiciales. En la actualidad, el acervo documental cuenta con 70 mil actas que se generaron entre 1958 y 1999 y está sujeto a la ley que establece un plazo de 30 anios para su desclasificación, lo cual no impide que pueda ser consultado por investigadores, periodistas y familiares con las reservas del caso.
En realidad, el archivo es también un pequeño museo donde se exhiben expedientes y objetos, y se ha reproducido en una sala-sótano la precaria oficina donde inició sus trabajos la Fiscalía. En las paredes de las salas hay gigantografías con escenas del Juicio de Nuremberg y también la desgarrante imagen tan difundida de un progrom en el gueto de Varsovia: la cara perpleja y temerosa de un niño que pasa con sus bracitos levantados ante un oficial de las SS armado con ametralladora. Pero cada acta, cada foto, cada objeto, tiene en este lugar su relato. El niño sobrevivió a Auschwitz y en el 45 se fue a vivir a Estados Unidos. Nunca más quiso volver a pisar suelo alemán. Cumplió su promesa cuando viajó a Polonia para asistir a un homenaje a las víctimas de Auschwitz y se negó a bajar del avión en una escala técnica en Frankfurt. La otra cara de la dramática foto también fue reconocida. El oficial de las SS fue identificado y se logró saber que vivía en la RDA donde fue enjuiciado, condenado a muerte y ejecutado con un tiro en la nuca, tal como él asesinaba a sus víctimas en sus rondas por el gueto de Varsovia.
En una vitrina se apilan decenas de expedients de un caso paradigmático del trabajo de la Fiscalía. Es el de un miembro de la SS en Lituania llamado Jager, quien intervino en las matanzas de la población judía del Báltico. Descubren su nombre en las actas de un juicio en Ulm y lo ubican en un pueblito cercano a Ludwigsburg, donde su nieto sin comprender porqué buscaban a su abuelo, señala la casa donde vivía. Así logran detenerlo. Durante el proceso judicial, Jager negó las acusaciones pero gracias a testigos y a la documentación que se encontró en los archivos soviéticos se pudieron probar sus crímenes ya que el mismo Jager escribió prolijos registros entre abril y diciembre de 1941 de las matanzas de las que fue responsable. Se suicidó estando en prisión.
En nuestro periplo por la memoria y la justicia hemos dado un paso más. Ahora, nos espera el fiscal Riedel, vicedirector desde el año 2000, a quien algunos apodan “el cazador nazi más viejo de Alemania”. Con voz suave y tranquila explica la razon de la existencia de esta Fiscalía. Se funda para investigar en archivos alemanes y extranjeros, y la información que se obtiene en esta institución se eleva a la justicia para impulsar procesos contra criminals Nazis. Pero en toda Alemania hay ficalías, entonces por qué se crea esta fiscalía? La respuesta surge del propio sistema judicial alemán: la competencia de los juzgados para actuar penalmente se define por el lugar de residencia del sospechoso de haber cometido un delito. En los primeros años después del 45, se hicieron investigaciones según el lugar del delito y los crímenes más atraoces perpretados por los nazis se cometieron fuera de Alemania. Además, entre 1945 y 1950 la única competencia reconocida para juzgar era la de los aliados. En esos años, la justicia de la RFA sólo podía intervenir en casos de delitos cometidos por alemanes contra alemanes y con permiso específicos de las autoridades aliadas. Es así que los grandes crímenes masivos quedaron fuera de la competencia de las fiscalías de la RFA. Teóricamente la justicia alemana podía intervenir por el principio de residencia del sospechoso pero carecía de medios para identificarlos y ubicarlos para su procesamiento. Por pura casualidad – agrega el fiscal Riedel--, un preso que cumplía un año de condena por un delito menor, escribió una denuncia contra un vecino que había sido guardia en Auschwitz. La denuncia, que había llegado a la fiscalía de Stuttgart, coincidía con otras denuncias de sobrevivientes de ese campo de concentración presentadas ante la fiscalía de Frankfurt. El caso permitió comprobar que el sistema de fiscalías no era apto para juzgar esos crímenes masivos. Es así que surgió la necesidad de crear una institución central que pudiera coordinar la investigación de esos delitos. La primera tarea consistió en buscar testigos presenciales para tomarles testimonio pero después fue necesario contar con pruebas documentales. Para ello se rastrearon datos en archivos alemanes y europeos. Sólo desde hace dos años se comenzaron a seguir pistas en los registros de migración de países latinoamericanos (Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil).
De las dificultades que señala el fiscal Riedel en cuanto a la obtención de documentación, se desprende que uno de los principales factores que obstaculizaron el trabajo de la Fiscalía durante estas décadas fue el proceso político vivido como consecuencia de la guerra fría. Los americanos se llevaron el fichero del Partido Nacional Socialista a Washington; los soviéticos mucha documentación a Moscú, y los franceses también se quedaron con numerosas actas. Gran parte de esa documentación fue devuelta a la Alemania unificada en los últimos años.
Finalmente, es importante puntualizar que las investigaciones de la fiscalía abarcaron 172 mil casos, de los cuales el 3,9 % llegó a un resultado judicial. De ese porcentaje, sólo un 0,7% fue por delitos de asesinato por alevosía, categoría penal con que la legislación alemana tipifica los crímenes por muerte cruel y racismo.